miércoles, 2 de julio de 2008

Hace días que me duele la cabeza, he tenido que anestesiarla con paracetamol. Hoy mi cuerpo se siente agotado. Se supone que esta tarde termino de impartir el taller en la Ibero, pero estoy cansada, muy cansada. Tuve que sentar a mi cansancio y a mi responsabilidad, para ver si se ponían de acuerdo: quería reportarme enferma.
Decir: hoy su maestra se siente cansada de los días. Hoy su maestra no se va a presentar. Pero la responsabilidad le reclamó al cansancio. Yo sólo los oía discutir. No dije una sola palabra. Tal fue su disgusto, que decidieron subirse a un ring y pedirme que tocara la campana. Acepté, pero no pude mover un dedo, mi cuerpo estaba lacio.
Se golpearon hasta el cansancio. Pobres ilusos, golpe, tras golpe, esperaban escuchar un tilin, tilin que nunca llegó. El cansancio me pedía ayuda con los ojos llorosos, mientras la responsabilidad lo pateaba. Pensé en tirar la toalla. Pero era demasiado tarde: la responsabilidad había ganado. Desde la lona, mi cansancio derrotado me miró con reproche. Así que me levanté como pude y me fui a dar clases.

martes, 1 de julio de 2008

Los sucesos superan a los días y al deseo de escribir algo sobre algo. Miriam tiene razón, todos los días pasa ese algo que no tiene respuesta. Ese algo que nos quema la boca y aún así, ahí se queda.

lunes, 30 de junio de 2008

Despedida Literaria

Busqué en todos los estantes el libro que me pediste; mis dedos terminaron negros por la tinta de los libros y el polvo que se acuesta en ellos cada tres días. Me sentí envenenada: como en el Nombre de la Rosa. Revisé los anaqueles dos veces y no encontré el título. Por un momento pensé que me habías engañado, que jugabas con mi mente y tiempo, que sabías que no tenía ese libro, pero sin embargo, me lo habías pedido prestado. Hasta te atreviste a decir en qué librería lo había conseguido. Perdí toda la mañana buscando un libro de portada gris, editado por Planeta en 1977.

Me habría tardado menos, si mis ojos no hubieran espiado a Nietzche y Schopenhauer durante varios minutos. Me lavé para borrar el tapiz oscuro de mis manos y me di por vencida. Me engañaste: no se le puede prestar un libro a un muerto, como el libro de Árboles Petrificados: desapareciste hace tiempo.

jueves, 26 de junio de 2008

Hoy


PRESENTACIÓN LITERARIA
Con el dramaturgo Hugo Alfredo Hinojosa
Sala Audiovisual del ICBC, 19:00 horas
Presenta: Esmeralda Ceballos
Admisión libre

miércoles, 25 de junio de 2008

Hormiguero Ceballos


Mi casa tiene hormigas, llegan y se instalan en el piso cada verano. Sobre la loseta hay una línea negra de chiquilinas obreras. La fila oscura comienza en la cocina y termina en el resquicio de la puerta de la regadera. Qué buscan ahí? El olor dulce que se desprende de mi cuerpo cuando me baño? Malditas: Aprovecahron mi ausencia y se adueñaron del espacio.
Pude haberlo soportado todo: Brincar el puente hormiguero; sacudirme alguna de vez en cuando; comprender que son seres vivos que merecen un lugar en la tierra; todo, pude haberlo soportado todo. Pero esta mañana, la comezón en la cabeza me despertó. Las malditas hormigas se hospedaron en mi cabello, tal vez pensaron que era un bosque con olor a vainilla. Eso me pasa por tener el pelo chino.
Repito: Pude haberlo soportado todo. Hasta hacerme su compa y saludarlas al llegar a casa, pero que se atrevieran a romper las reglas de etiqueta, ya no me pareció.
Van a morir, les dije. Abrí las puertas del zinc, -ese pequeño espacio donde se guarda el cochinero para la limpieza- tomé el baygón y me lo eché en la cabeza.

Les apliqué mi ley del más fuerte y maté a las desgraciadas. Pero no fue fácil. Las nenitas son muy inteligentes; utilizaron mis rizos como lianas y comenzaron a saltar para salvarse del líquido venenoso. No miento: juro que hasta escuché los sonidos paralinguísticos producidos por su vértigo. Finalmente murieron. Algunas por el insecticida, otras por la caída y las más miedosas de un paro cardiaco.
Las hormigas tienen corazón? Tengo que ver Antz de nuevo.

Caminé sobre el cementerio de hormigas, tomé el recogedor y la escoba, barrí a las que hacían fila como si fueran a entrar a un concierto y las llevé hasta la esquina de la calle. Después de todo, ellas no tenían la culpa de nada.

jueves, 19 de junio de 2008



Ensenada: Foro del CEARTE
Viernes 20 de junio 8:00 pm

Mexicali: Foro del CEARTE
Sábado 21 de junio 8:00 pm

Los perdí hace dos días en un taxi. Camino a ciegas por los jardines tijuanenses. Todo es culpa de mi mecánico. No sé por qué todavía no me entrega mi camioneta.
El dolor es contemporáneo. Ni modo, lo meto a una maleta, tendrá que viajar conmigo a Mexicali y Ensenada. Me voy de gira con la obra Edipo Guey.