miércoles, 10 de julio de 2013

Ya casi no paso por aquí. Los días avanzan sigilosos, sin detenerse siquiera a verme. De pronto pienso que esto de escribir en blog es tan de los dosmiles que creo que me quedé instalada en la década pasada.

En otras ocasiones creo que la realidad de la cotidianidad me supera y cuando llega el momento de escribir ni siquiera sé cómo hacerlo. Estar más de diez horas en esta oficina luminosa y alejada del mundo me ha hecho pertenecer a otro tiempo.

Hace unos días me moví de la ciudad y asistí a la boda de una amiga que jamás pensé se atrevería a poner su firma en un acta de matrimonio. Abril se casó y fue ahí que me dí cuenta que siempre sobra tiempo para sorprenderse. La boda fue en medio de una tormenta inmensa, con relámpagos y el cielo tronando. Pensé entonces en la memoria de los días, en los recuerdos que se quedan en los objetos y en los abrazos. En nuestras noches de juerga al lado de alguien a quien ya no frecuentamos, a alguien que dejamos de querer en nuestras vidas.

Pensé también en esas personas que se van porque cumplieron ya su etapa. En los ciclos que debían cerrarse hacía mucho y no se habían sellado todavía. En la memoria del cuerpo, en los dolores musculares y sicosomáticos.

El cuerpo queda en los abrazos dados, en el calor de los alientos, en las yemas de los dedos. Así fue el abrazo primero que mi amor antiguo y yo nos dimos dos mañanas después en el Palacio de Bellas Artes. Él me esperaba recargado en uno de los pilares. Fue un encuentro tipo David Lynch. Ese abrazo despertó la memoria de ese amor tan grande que nos tuvimos hace ya mucho tiempo. Nuestro cuerpo encierra ya las cicatrices de la vida, de las noches, de los días.

Caminamos por la ciudad, nos tomamos un café sentados en una banca mientras nos cerciorábamos de que no quedara nada suelto, ni una sola palabra no dicha, ni una sola duda no disipada; las preguntas fueron terapéuticas, las respuestas más.

Terminamos en su casa escuchando a Drexler y viajando con la memoria a un espacio de paredes blancas con paredes rojas, aquél, nuestro espacio.

Lloramos y cerramos una puerta que amenazaba con quedarse abierta para siempre.

Nunca hay nuncas. Nunca hay siempres.


viernes, 28 de junio de 2013

Esta noche escribiré los versos más alegres.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Fue durante los últimos días de noviembre que presentí que este año sería distinto, y lo es. La gente que se había ido ahora regresa pidiendo una disculpa tardía; mi corazón lo agradece pero mi mente le recuerda que todas las memorias se quedan en el cuerpo y en la costilla que duele otra vez.

He memorizado todos los rostros que por diversas razones se han quedado o se han ido; de algunos me he despedido en sueños, a otros los he borrado de las redes sociales y de mi vida, de unos más... ni eso.

Tengo una oficina maravillosa rodeada de áreas verdes, edificios llenos de cristales, un equipo humano ameno, responsable y preocupado por la labor comunitaria. Aquí no existen los dobles discursos que ya me tenían harta.

Siempre he defendido una libertad inexistente, o la paráfrasis de lo que puede ser la libertad. Pienso en esa palabra: libertad, y en los recovecos que conlleva tenerla.

Perdonar te hace libre
Reír te hace libre
Conocer tu cuerpo te hace libre
Decir lo que piensas te hace libre

Nada más me hace falta el primero.

lunes, 29 de abril de 2013

Ha cumplido 2, y yo soy la mamá más feliz de la colonia.






viernes, 26 de abril de 2013

Otros vuelos. Otras alas.
La edad va llegando poco a poco de una manera no esperada y mucho menos planeada.

La hija crece cada segundo y me pierdo casi todo lo que aprende durante el día; sólo alcanzo a ver la conclusión de su día. Su sonrisa de "qué bueno que ya llegaste, mami".

.....

Si usted supiera lo bonito que está el lugar donde trabajo.

Centro Estatal de las Artes, Tijuana.
Ahora sí, bienvenida la Coordinación de Artes Escénicas.

viernes, 12 de abril de 2013

Poco a poco voy desapareciendo de este blog.

miércoles, 3 de abril de 2013

Poco a poco las palabras van desapareciendo.

Será verdad que nosotros, con el tiempo, también desaparecemos un poco?

A dónde se va todo lo que uno vive?

El mundo guarda en su memoria corporal los recuerdos, las cosas, las experiencias... quizá por eso quiere desaparecer también. Son muchas cosas y recuerdos los que la tierra ha vivido.

Ya está cansada, por eso creo que un día de estos nos dará una patada a todos.